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Las grandes damas de la vela clásica

  • 28 Agosto, 2021

Seis armadoras mantienen vivo el espíritu de Virgine Hériot, pionera de la navegación a principios del siglo XX. Todas ellas coinciden en que la vela es “buena para el alma”

“Navegar es bueno para el alma”. En la estela de Virgine Hériot (1890–1932), la primera gran dama de la mar, campeona olímpica en 1928 e impulsora de la vela de recreo en Francia durante las primeras décadas del siglo XX, siete mujeres (seis armadoras y la ‘capitana’ de la organización) demuestran que el liderazgo femenino es posible en un mundo tan teóricamente masculino como el de la vela de clásica y de época, donde el tópico habla de rudos marineros con camisetas de rayas. Como la legendaria regatista y navegante francesa, que llegó a dar siete vueltas al mundo, esta media docena de mujeres, presentes en la XVII Copa del Rey de Barcos de Época Repsol, llevan el mar en las venas y dirigen con mano firme y guante de seda a sus equipos, formados principalmente por hombres.   

SEIS ARMADORAS…

Donna Dyer es la armadora del Rowdy (1916), uno de los cuatro NY 40’s que aún compiten y uno de los cinco modelos centenarios que se dan cita en los pantalanes del puerto de Mahón. En un castellano perfecto, esta mujer de modales exquisitos recuerda haber empezado a navegar con su familia a los 8 años a bordo de un Swan, cuando vivía en Venezuela. Luego se trasladó a Inglaterra, donde pudo seguir con su afición gracias a sus amigos de la Royal Navy. Con su marido circunnavegó el mundo dos veces  en el velero Koo, hasta que hace ocho años el matrimonio decidió adquirir el Rowdy.

“No tengo un puesto fijo en el barco, estoy donde me necesiten. Mi marido dice que el Rowdy es como mi bebé.  La verdad es que me encanta navegar, es bueno para el alma”, confiesa Donna Dyer, que dice sentirse fascinada por la competición y por el ambiente que se respira en el mundo de los barcos clásicos.

“Tiene un alma que me atrapó”. Otra vez la palabra alma. Esta vez la pronuncia la armadora Montserrat Valle cuando se le pregunta por los motivos que le llevaron a tomar la decisión de adquirir el Son Fong, una goleta de Sparkman & Stephens construida en 1937 en Hong Kong con las maderas de un cargamento hundido en la bahía de Cogswell. Tras múltiples vicisitudes, este clásico fue reconstruido en la década de los 90 y en el 2000 llegó al Mediterráneo.

“Me encanta sentir la navegación con toda la capacidad y la fuerza que le da la tripulación, y también el ambiente deportivo que se vive en regatas como la Copa del Rey de Barcos de Época”, responde Montserrat Valle. Empezó a navegar en un crucero con la familia y recuerda cómo la afición de sus hermanos condujo a la familia a construir su propia embarcación para navegar por las aguas del Caribe, donde entonces residía.

La sensibilidad femenina de Valle ha hecho posible condensar la esencia histórica del So Fong en un perfume. Tras la adquisición de la goleta le pidió a su hijo Víctor destilar la “identidad olfativa” del So Fong. Tras seis meses de investigación y desarrollo de una formulación inspirada en la recreación de su primera navegación entre Hong Kong y Nueva York, el atelier “Viti Vinci”, con sede en Palma, ha lanzado al mercado una fragancia inspirada en el So Fong, que en chino significa “niña bonita”.

La neoyorquina Bárbara Trilling se convirtió en la armadora del Argos, un clásico de 1964 construido por los astilleros Carabela sobre un diseño de Holman, a la muerte de su marido Luciano Díez en 2012. Es el segundo barco que más veces ha ganado la Copa del Rey de Barcos de Época de Mahón.

“Nos sacamos juntos el patrón de yate, nos compramos el Argos en Barcelona y empezamos a regatear. Recuerdo que al principio éramos los penúltimos y ahora lo estamos haciendo bien”, apunta Bárbara Trilling, para quien la clave del éxito está en disponer de una tripulación experimentada: “Nadie grita, nadie se enfada y con solo una mirada todos sabemos lo que hay que hacer”.

La unión del equipo le ha llevado a considerar el Argos, que navega bajo bandera del prestigioso Yacht Club de Nueva York, como parte de su vida. “Mi función es como la de una madre que cuida de su familia y se ocupa de que todo en el barco esté a punto y en buenas condiciones: desde el motor hasta las velas. Y también me encargo de que la tripulación esté bien entrenada y uniformada”, señala.

Koromoto es el nombre del primer barco donde empezó a navegar Valle de la Riva, presidenta de la Fundación de Vela Clásica de España, propietaria del Folia, un Paul Böhling de 1961 con doble casco de caoba y armazón de bronce. “Allí descubrí mi pasión por el mar, que no es poco para una cordobesa de nacimiento”, reconoce Valle de la Riba. Su contacto con la vela clásica fue en 2010 y nueve años después creó junto con Javier Gorbeña, José Luis Vilar y Ricardo Rubio la fundación que fomenta, conserva y restaura estas embarcaciones de época.

La entidad arma tres clásicos -Gypsy, Folia y Livia- y ha firmado acuerdos con dos escuelas de formación profesional de San Fernando y Chiclana para recuperar el oficio de carpintero de ribera en la Bahía de Cádiz.

La Fundación de Vela Clásica de España se sustenta en parte a través de los ingresos que le reporta la marca de ginebras Gyspy 1927, empresa que respeta los métodos y modos de destilación y fabricación antiguos, en la línea la misma línea de inspiración que hace posible la existencia de un circuito de vela clásica.

La historia de Gaby Pohlmann como armadora de un clásico comenzó hace cinco años cuando su marido localizó el Meerblick Classic (1916) en Noruega.  “Estuvo dos años recorriendo puertos de todo el mundo hasta dar con él. Lo restauramos y el año pasado empezamos a regatear en Mallorca, ya que el barco tiene su base en el Real Club Náutico de Palma”, explica Gaby Pohlmann, que añade: “Cuando te subes a embarcación clásica, ya no puedes salir. Soy muy feliz aquí junto a mi marido y al resto del equipo compartiendo grandes momentos”.

Hace apenas tres años Valerie de Marotte adquirió el Yanira, un sloop con aparejo Marconi que fue botado en 1954 a partir de un diseño de Bjarne Aas. “Me encantó el proyecto de Andrés León -coarmador- de ofrecer experiencias a regatistas empedernidos o a gente que nunca había navegado para participar en regatas de Clásicos”, señala Marotte.

El  Yanira cuenta con una tripulación fija de cinco profesionales que son los que enseñan a regatear a los que se apuntan a la aventura de continuar engrandeciendo el palmarés de este gran clásico.

“Todo es muy especial en un clásico: desde la belleza de sus líneas, la velocidad, la madera, hasta el ruido y su olor característico. Estos barcos seguirán su ruta y su propia historia cuando nosotros nos hayamos ido”, reflexiona.

… Y UNA CAPITANA

La directora de orquesta en el mar es Arianne Mainemare, oficial jefe de la Copa del Rey de Barcos de Época en Mahón desde 2016. Su función es dirigir todo lo que acontece en el campo de regatas. Todas las decisiones que afectan al desarrollo de la competición pasan por ella. “Pero no estoy sola. Siempre valoro los pros y los contras con el comité organizador y luego tomo la decisión”, puntualiza Mainemare, cuyo origen francés, posiblemente el país con mayor afición por la vela, se percibe en la pasión que imprime a sus respuestas y a su trabajo.

Aunque ha desempeñado otros cargos, como miembro el comité de protestas, lo que la hace feliz es “soltar amarras y trabajar flotando en el mar”. Su hábitat, como el de las armadoras, tripulantes y mujeres de mar que mantienen vivo el espíritu de Virgine Hériot, la pionera que, consciente o inconscientemente, inspira a todas estas damas de la mar.

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