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El Horizonte cruza el Atlántico para cumplir su sueño de participar en el Trofeo Panerai

  • REPORTAJE
  • 31 Agosto, 2013

Cruzar el Atlántico con el propósito de estrenarse en la Copa del Rey de Barcos de Época Trofeo Panerai era el sueño de la tripulación del Horizonte. Una travesía entre Buenos Aires y Menorca, previa recalada en la Regata Puig Vela Clásica de Barcelona, a bordo de un clásico es quizá lo más cerca que uno pueda estar del espíritu de aquellos antiguos navegantes.

65 días de dura singladura que parecen haber actuado de amuleto para la tripulación del ‘skipper’ uruguayo Nicolás González. El ketch armado por el argentino Juan Ball lidera su clase (Época Marconi). “Hemos venido a ganar, estamos muy motivados, nos parecía muy interesante regatear con la flota europea, pues sabemos que es muy competitiva”, comenta. El viento, hasta el Mediterráneo, no fue nada favorable por lo que el recorrido se demoró más de lo planificado. “Era la primera vez que hacíamos la travesía y nos dio mucho trabajo, tuvimos que navegar siempre con la menor vela posible. Cruzamos el Estrecho de Gibraltar con 45 nudos de viento, fue bastante complejo pero por suerte salió todo bien”, explica. Dos tripulantes a bordo –capitán y patrón- que tuvieron que reponer energías en Cabo Verde y Azores. A su favor, el excelente estado de conservación del velero, diseñado y construido en 1942 por German Frers, y la experiencia de su tripulación. “Todos somos amigos desde hace años, lo cual es una ventaja a la hora de competir, hay mucha complicidad a bordo”. UN BARCO FUERTE El Horizonte es un barco fuerte, su patrón subraya que se comporta muy bien con todo tipo de vientos, pero reconoce que es un poco complejo de gobernar. “Necesita mucha concentración porque no es muy estable de rumbo y el timón y la tripulación tienen que hacer un trabajo constante para que el barco responda bien”. Tras dos días de competición en aguas de Mahón, Nicolás González relata que su tripulación (compuesta por 13 personas) no está acostumbrada a regatear con tanto mar como en Menorca. “No realizamos una buena salida, pero sí una buena estrategia. Hicimos navegar el barco muy rápido, sobre todo durante las primeras millas, recuperando muchísimo tiempo. En Menorca, la partida es especialmente complicada para nosotros porque es un barco lento de maniobra”, añade. González es ‘skipper’ del Horizonte desde hace 6 años. El velero es, dice, como un hijo para él. “Lo conozco muy bien, todas las mejoras que se le han hecho siempre han sido revisadas por mí y la tripulación que, a diferencia de otras que son rotatorias, siempre es la misma. Este es un hecho significativo, pues sin este entrenamiento específico de la tripulación no se podría ganar. Cada uno respeta sus puestos y cada uno sabe lo que tiene que hacer en su área, eso garantiza que el barco obtenga buenos resultados. Venimos de navegar en la alta competición en Brasil, Argentina y Uruguay, donde ganamos durante tres años los campeonatos anuales, algo que sólo puede conseguirse a base de disciplina y entrenamiento”, señala. AMOR POR LOS CLÁSICOS El patrón se declara un enamorado de las embarcaciones clásicas, y no sólo en el aspecto de navegación, sino también en todo lo que se refiere a la conservación del patrimonio naval. “Me encanta que el barco esté siempre bien cuidado, soy muy exigente, contamos con dos personas que trabajan a diario en el mantenimiento del Horizonte”. Con respecto al diseño del crucero, González cuenta cómo Frers había dibujado los planos para él mismo. “Era el barco de sus sueños”, apunta el ‘skipper’. “Frers era un genio y cuando un amigo visitó su estudio le dijo claramente que lo quería para él”. Construido en 1942, la historia deportiva del Horizonte parte en las regatas oceánicas de Río de Janeiro y Argentina. Navegó por el Mediterráneo alrededor del año 55. Desde aquella época no regresaba a Europa. Así las cosas, estos días el Trofeo Panerai es escenario de excepción de su vuelta. La tripulación se ve hasta el momento con muchas posibilidades de hacerse con X Copa del Rey de Barcos de Época Trofeo Panerai. La adrenalina fluye en cubierta, principalmente durante las partidas y las llegadas. Nicolás González admite que hay que estar hecho de una pasta especial para competir en vela clásica. “A las nuevas generaciones no les apetece navegar en estos buques y eso es un problema porque no los aprecian como debería ser”, asegura. “No sé qué pasará dentro de veinte años, así que siempre enrolamos a algún joven novato para despertar el interés y garantizar el relevo generacional. Ojalá que aparezcan más románticos de la vela clásica y que esto dure mucho”, acaba.

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